San Sebastián (Donostia en euskera) se ha ganado un lugar privilegiado en el séptimo arte. Desde clásicos de Hollywood hasta éxitos recientes de Netflix, esta elegante ciudad costera del País Vasco ha servido de plató natural para numerosas producciones. Su glamour, su famoso festival de cine y sus paisajes de ensueño han seducido a directores nacionales e internacionales. A continuación, exploramos en profundidad las películas y series rodadas en San Sebastián –tanto las muy conocidas como las más curiosas– incluyendo para cada una su contexto, reparto principal, localizaciones donostiarras, anécdotas de rodaje, recepción y el papel que juega la ciudad en la historia. ¡Luces, cámara, acción!

Recorridos históricos: del Hollywood clásico al cine de los 50
La relación de Donostia con el cine arrancó pronto. Ya en 1936, la pareja dorada de Hollywood Marlene Dietrich y Gary Cooper paseó por la Playa de la Concha en la comedia romántica Desire (Deseo). En esta película americana, San Sebastián apareció fugazmente con su icónico Hotel Londres rebautizado como “Continental Palace”. Dos décadas después, el musical franco-español El cantor de México (1956), protagonizado por el tenor Luis Mariano, aprovechó varios escenarios de la ciudad: la terraza del Hotel Londres, el Paseo de la Concha y la Playa de Ondarreta, esta última transformada con decorados para simular una playa tropical de Acapulco. Era común en aquella época “disfrazar” a Donostia como otro lugar exótico, sacando partido a su elegancia europea.
El cine español de posguerra también miró a San Sebastián en busca de encanto veraniego. La españolada Luna de verano (1959), dirigida por Pedro Lazaga con un elenco encabezado por Fernando Fernán Gómez y Analía Gadé, rodó numerosas escenas en la ciudad. En esta comedia romántica se reconocen la barandilla de La Concha, el antiguo túnel del barrio Antiguo bajo los jardines de Miramar, el Monte Igueldo con su mirador (donde aparece el propio Fernán Gómez) e incluso puentes y avenidas céntricas. La imagen de glamour playero que ofrecía Donostia encajaba perfectamente con las tramas ligeras de la época. Incluso en el drama bélico Los ojos perdidos (1967), del director Rafael García Serrano, la acción incluye paseos por la Playa de la Concha para ambientar la historia romántica en tiempos de guerra. San Sebastián aportaba así un telón de fondo hermoso y reconocible, aunque su presencia en estas tramas era más estética que argumental.
Acción, música y drama en los 60 y 70: producciones internacionales
En los años 60 y 70, Donostia atrajo rodajes de mayor envergadura, incluidos proyectos internacionales. Un ejemplo notable es la superproducción bélica La batalla de Inglaterra (Battle of Britain, 1969) dirigida por Guy Hamilton. Aunque recreaba los bombardeos nazis sobre Londres, gran parte del rodaje se hizo en San Sebastián y localidades cercanas como Hondarribia y Zarautz. De hecho, en la película puede verse la Avenida de la Libertad donostiarra, usada para ambientar escenas urbanas de la II Guerra Mundial. Resulta curioso que una cinta sobre la RAF y los cielos británicos utilizara calles vascas, pero España ofrecía aviones y localizaciones adecuadas durante aquella época. El resultado fue un realismo sorprendente: bajo los bombarderos Heinkel y Spitfire, la elegante arquitectura de San Sebastián se convirtió por un momento en escenario de guerra, sin que el espectador medio notara el truco.
Muy diferente tono tuvo la comedia musical Pierna creciente, falda menguante (1970), del español Javier Aguirre. Esta picante película, con Laura Valenzuela y Fernando Fernán Gómez en el reparto, transcurre mitad en Madrid y mitad en San Sebastián. En ella se popularizó la pegadiza canción “La mar está fresquibiris”, interpretada en la zona del Mirador de Igueldo por Valenzuela. Décadas más tarde, esa escena sería homenajeada en la serie La que se avecina con el personaje de Estela Reynolds tarareando el estribillo – pero el original fue rodado con vistas a la bahía donostiarra. La ciudad aparece aquí sí como sí misma, un destino turístico de moda donde se desata la alocada trama musical.
Otra visita de Hollywood llegó con Papillón (1973), el célebre drama carcelario protagonizado por Steve McQueen y Dustin Hoffman. Aunque la historia se ambienta en la Guayana Francesa, el director Franklin J. Schaffner eligió diversas localizaciones vascas para rodar. En concreto, la producción filmó escenas en la vecina Hondarribia (Fuenterrabía) – se dice que la cárcel colonial y algunos exteriores tropicales se recrearon allí. San Sebastián como tal no sale en pantalla, pero su entorno sí aportó paisajes. Papillón fue un éxito de taquilla mundial y le valió a McQueen una nominación al Globo de Oro, demostrando que Gipuzkoa también podía alojar grandes rodajes internacionales.
El cine europeo igualmente puso sus ojos en Donostia en los 70. La coproducción hispano-francesa Díselo con flores (1974), del francés Pierre Grimblat, reunió a estrellas como Rocío Dúrcal y Fernando Rey para una trama romántica que se filmó en la villa Miraconcha, un señorial palacete frente a la bahía. Como dato pintoresco, aquella villa que aparece en pantalla ya no existe: con los años fue derribada, perdiéndose así uno de los escenarios de cine de la ciudad. En todos estos casos, San Sebastián aporta su belleza arquitectónica y marítima para dar lustre a historias de muy distinto pelaje, desde combates aéreos hasta números musicales y dramas sentimentales. A veces hace de sí misma y otras se disfraza, pero siempre deja su impronta.
De la Transición al nuevo cine vasco: películas de los 80 y 90
Con la Transición y la ebullición cultural de los 80, Donostia siguió acogiendo rodajes, a menudo ligados a las temáticas sociales y políticas de la época. Un caso emblemático es La fuga de Segovia (1981), dirigida por Imanol Uribe. Esta película reconstruye la fuga real de 29 presos de ETA de la cárcel de Segovia en 1976, un suceso histórico. Aunque la acción transcurre en Castilla, Uribe rodó las escenas de monte y naturaleza en la finca de Artikutza, una reserva forestal que pertenece al municipio de San Sebastián. De este modo, los bosques húmedos guipuzcoanos “interpretan” los montes segovianos en la pantalla. La cinta tuvo un notable recorrido crítico, logrando el Premio de la Crítica en el Festival de Cine de San Sebastián 1981. Aquí la ciudad no aparece retratada como tal – de hecho permanece invisible tras los árboles – pero paradójicamente su entorno permitió contar una historia clave del conflicto vasco.
Por su parte, otros directores empezaron a mostrar San Sebastián como escenario urbano de problemas actuales. El navarro Montxo Armendáriz filmó 27 horas (1986) íntegramente en las calles donostiarras, en un relato crudo sobre la juventud atrapada por la droga. La protagonizaron jóvenes promesas como Antonio Banderas y Maribel Verdú, y obtuvo la Concha de Plata en el Zinemaldia de aquel año. La película recorre plazas, parques y barrios de la ciudad en plena década de los 80, mostrando un rostro realista y cotidiano de Donostia muy distinto del postal turístico. Aquí la ciudad sí es ella misma y su ambiente lluvioso añade autenticidad a la historia de desarraigo juvenil.
También de los 80 es Ander eta Yul (1989), road-movie dirigida por Ana Díez. Este filme en euskera sigue a dos amigos que recorren Euskadi – con paradas importantes en Donostia – a bordo de una moto. Fue tal su frescura que valió a Díez el Goya a la mejor directora novel. En pantalla se ven bares, carreteras y rincones donostiarras que los protagonistas atraviesan, reflejando la cultura juvenil vasca de fin de siglo. La presencia de la ciudad es natural y reconocible, acompañando las reflexiones de los personajes sin necesidad de maquillarse.
Ya en los años 90 despuntó una generación de cineastas vascos que hicieron de San Sebastián su plató preferido. El más famoso es quizá Julio Medem, quien tras Vacas (ambientada en el caserío rural) decidió situar en Donostia la intensa historia de amor de La ardilla roja (1993). Esta película, protagonizada por Emma Suárez, se rodó prácticamente en su totalidad en la ciudad. Aunque la trama –sobre una mujer amnésica y un músico de rock– es íntima, Medem aprovechó escenarios como la playa y el monte Igueldo para metaforizar el estado emocional de los personajes. La ardilla roja triunfó en Cannes (Premio de la Juventud) y en los Goya, dando a conocer el talento local en el panorama internacional. Aquí San Sebastián es testigo mudo de un romance turbulento: no “hace” de Donostia explícitamente, pero sus paisajes costeros y la atmósfera atlántica calan en la narrativa, aportando belleza melancólica.
Otros títulos de los 90 reflejaron la realidad vasca con estilos diversos. Pasajes (1996) y A ciegas (1997), del director donostiarra Daniel Calparsoro, son thrillers urbanos rodados en escenarios portuarios e industriales de la zona de Pasaia y el puente de María Cristina, mostrando una cara más oscura de la ciudad entre amores peligrosos y conflictos. Todo está oscuro (1997) de Ana Díez también se ambientó en Donostia, adentrándose en el drama social. Y la comedia Sí, quiero… (1999), de Eneko Olasagasti y Carlos Zabala, se filmó íntegramente en la capital guipuzcoana, celebrando con humor las vicisitudes de una boda al estilo local. San Sebastián, por tanto, pasó de ser solo decorado a convertirse en parte esencial de las historias, ya fueran dramáticas o costumbristas, reflejando los contrastes de la sociedad vasca de fin de milenio.
Siglo XXI: Donostia en el cine contemporáneo
En las últimas dos décadas, el idilio entre San Sebastián y el cine no ha hecho sino intensificarse. La ciudad y sus alrededores han acogido rodajes que van desde pequeñas producciones en euskera hasta largometrajes multipremiados, confirmando su atractivo tanto visual como logístico para el sector audiovisual.
Varias películas vascas recientes, habladas en euskera, han situado sus tramas en Donostia o la han utilizado como telón de fondo, ganando reconocimiento fuera de nuestras fronteras. Un ejemplo temprano es Frío sol de invierno (2004) de Pablo Malo, intenso drama rodado en la ciudad que le valió el Goya a mejor director novel. Más tarde llegó 80 egunean (2010) de José Mari Goenaga y Jon Garaño, hermosa historia de amor otoñal entre dos mujeres mayores, filmada casi por completo en San Sebastián. Esta cinta acumuló más de treinta galardones, incluido el Premio Sebastian Film Commission del propio Zinemaldia por su aprovechamiento de localizaciones locales. En 80 egunean la ciudad no es solo un paisaje: sus cafeterías, el puerto, el monte Urgull o incluso el ferry a la isla Santa Clara sirven de marco auténtico a un romance tardío que emociona al espectador precisamente por lo real y cercano que se siente el entorno. Igualmente Loreak (2014), dirigida por Goenaga y Garaño, utilizó diversos rincones de San Sebastián para tejer su poética trama de ramos de flores anónimos. Loreak (Flores) hizo historia al ser la primera película en euskera nominada al Goya a mejor film, y parte de su alma reside en esos escenarios cotidianos – calles, carreteras, estaciones – que cualquier donostiarra reconoce y que añaden verdad a la emotiva reflexión sobre la pérdida.
Por otro lado, Donostia ha sido escenario de retratos duros y realistas en castellano. La herida (2013) de Fernando Franco, rodada íntegramente en la ciudad, sigue el día a día de una joven con trastorno límite de personalidad, interpretada magistralmente por Marian Álvarez. Los lugares mostrados – un taller mecánico, pisos humildes, el monte Ulía – aportan contexto a su soledad. La película fue aclamada (Premio Especial del Jurado en San Sebastián 2013 y dos Premios Goya), demostrando que Donostia puede ser también un escenario urbano áspero cuando la historia lo requiere. En un registro totalmente opuesto, la capital guipuzcoana apareció brevemente en la comedia Ocho apellidos vascos (2014), el mayor fenómeno de taquilla español de la historia. Aunque la película de Emilio Martínez-Lázaro se ambienta sobre todo en un ficticio pueblo navarro, San Sebastián “sale” unos instantes – por ejemplo, en un plano general – e incluso se coló una curiosidad: el bar andaluz donde trabaja el protagonista no estaba en Sevilla realmente, sino en Mondragón (Gipuzkoa) maquillado como taberna flamenca. Este guiño local hizo sonreír al público vasco, y confirma cómo la región entera, ciudad incluida, fue esencial para dar autenticidad a los estereotipos parodiados en la cinta.
Siguiendo con las comedias, Negociador (2014) de Borja Cobeaga optó por un humor más político y sutil. Recrea las conversaciones secretas de paz con ETA, y para ello rodó en distintos puntos de Donostia, entre ellos el elegante Hotel Villa Soro que en la ficción hospeda al protagonista (un negociador interpretado por Ramón Barea). La familiaridad y discreción de la ciudad ayudaron a ambientar esta historia semi-ficticia, que fue premiada en el Festival de San Sebastián y demostró que el humor puede nacer incluso de los rincones más tranquilos de la geografía urbana. En una línea ligera también se filmó Embarazados (2016) de Juana Macías, comedia romántica sobre una pareja en apuros para tener un hijo, que está prácticamente entera rodada en San Sebastián salvo algunas escenas en Madrid. Ver en pantalla el paseo de la Zurriola o el Parque de Miramar como fondo de enredos amorosos cotidianos contribuye a la cercanía que busca la película.
Junto a las producciones locales, Donostia ha acogido rodajes de temática variada de todo el mundo. Amama (2015) de Asier Altuna, un drama rural, incorporó escenas en los bosques de Artikutza y hasta en la propia ciudad para contrastar tradición y modernidad. Las dos aventuras juveniles de Zipi y Zape (2013 y 2016) dirigidas por Oskar Santos llevaron el sello vasco: la primera parte (…y el club de la canica) incluyó el frondoso parque de Artikutza y antiguos depósitos de agua en el monte Ulía como escenarios misteriosos, mientras que la secuela Zipi y Zape y la isla del capitán transformó el Fuerte de Ametzagaina y el faro de la Plata de San Sebastián en parte de su isla ficticia. El público infantil quizá no se percate, pero entre tanta fantasía están descubriendo rincones reales de Donostia. Asimismo, en Kalebegiak (2016) doce directores rodaron doce cortometrajes dentro de la propia ciudad, componiendo un mosaico llamado “miradas de calle” sobre San Sebastián que se estrenó en el Festival de 2016. Este experimento colectivo es literalmente un homenaje cinematográfico a la ciudad, que aquí no es un decorado sino la protagonista absoluta: cada episodio retrata un barrio, una anécdota o un personaje real donostiarra, desde la Parte Vieja hasta barrios periféricos, componiendo un original mapa audiovisual de la urbe.
En clave de intriga y acción, destacan dos filmes recientes ambientados durante el famoso Festival de Cine de San Sebastián, lo que añade meta-cine al asunto. Por un lado, Operación Concha (2017) de Antonio Cuadri, una comedia de enredo donde unos productores sin escrúpulos traman una estafa en pleno Zinemaldi. La película se rodó íntegramente en San Sebastián durante la semana del festival, aprovechando la atmósfera cinéfila que se vive en salas como el Kursaal y el ambiente de estrellas en hoteles como el María Cristina. Aunque fue recibida con críticas templadas, resulta divertida para el público local al ver reflejada la locura festivalera con sus propias calles de escenario. Por otro lado, el aclamado director Woody Allen eligió Donostia para su film número 50, Rifkin’s Festival (2020). Allen, amante confeso de la ciudad, rodó por 45 días en verano de 2019 prácticamente en todos los lugares emblemáticos de San Sebastián: desde la barandilla de La Concha y el Peine del Viento hasta el Teatro Victoria Eugenia, el Museo San Telmo, el Palacio Miramar, el Aquarium y, por supuesto, el Hotel María Cristina y el Centro Kursaal, epicentros del festival. La película, protagonizada por Wallace Shawn, Gina Gershon, Elena Anaya y Louis Garrel, es una comedia romántica nostálgica que retrata a San Sebastián como sí misma, con el contexto del festival como telón de fondo. Se estrenó como película inaugural (fuera de concurso) en el Zinemaldi de 2020, en plena pandemia, y si bien su recepción crítica fue moderada, dejó para el recuerdo preciosas postales cinematográficas de la ciudad. Allen convirtió a Donostia en un personaje más, rindiendo homenaje a los clásicos europeos (con parodias de Truffaut, Bergman, Buñuel…) mientras sus protagonistas paseaban por el Paseo Nuevo o tomaban pintxos en la Parte Vieja. Es posiblemente la cinta que con más cariño y detalle ha mostrado San Sebastián en pantalla, hasta el punto de que la oficina de turismo creó rutas específicas para que visitantes y cinéfilos puedan seguir los pasos de Rifkin’s Festival escena a escena.
No podemos cerrar este repaso sin mencionar Handia (2017), si bien no transcurre en Donostia en la ficción, sí representa el hito del nuevo cine vasco más laureado. Este drama histórico en euskera, dirigido por Jon Garaño y Aitor Arregi, narra la vida del Gigante de Altzo en el siglo XIX. La mayor parte de la acción es rural, pero gran parte del rodaje y posproducción se realizó en San Sebastián, con profesionales y técnicos locales. Handia fue la gran triunfadora de los Goya 2018 con 10 premios (incluyendo mejores efectos especiales, guion original y actor revelación), lo que supuso un homenaje implícito a la industria cinematográfica donostiarra que la hizo posible. La cinta incluso presentó alguna escena en el Palacio Miramar, reconvertido en salón de la corte española para la trama. Así, aunque la San Sebastián actual no aparezca visualmente en Handia, su aportación como centro de producción fue crucial para este éxito, subrayando que Donostia no solo presta sus paisajes sino también su talento humano al mundo del cine.
Por todo lo anterior, San Sebastián se ha consolidado en el siglo XXI como un plató versátil donde caben el drama intimista, la comedia comercial, el thriller social y la reconstrucción histórica. Y siempre, en mayor o menor medida, su esencia marinera y elegante queda impresa en las películas: a veces reconocible para el espectador y otras de forma más sutil, pero aportando carácter y autenticidad a las historias.
La ciudad en la pequeña pantalla: películas y series rodadas en San Sebastián para TV y streaming
No solo el cine ha aprovechado el encanto donostiarra: la televisión y las plataformas han encontrado en San Sebastián un escenario atractivo para sus series. En años recientes, varias producciones de éxito –tanto nacionales como internacionales– han rodado aquí capítulos o escenas clave, difundiendo la imagen de la ciudad a millones de espectadores.
Una de las series más relevantes es “Patria” (HBO, 2020), adaptación de la novela de Fernando Aramburu sobre dos familias divididas por el terrorismo de ETA. Patria se rodó en diversos municipios de Gipuzkoa, y San Sebastián aparece en varias secuencias como sí misma. El equipo, encabezado por el productor y guionista donostiarra Aitor Gabilondo, filmó en calles reconocibles como la Avenida de la Zurriola, el Boulevard, la Parte Vieja (calle San Juan, 31 de Agosto, Plaza de la Constitución) y hasta en el cementerio de Polloe. La serie incluso se pre-estrenó completa en el Festival de San Sebastián 2020, subrayando la conexión de la ciudad con la historia que cuenta. Protagonizada por las actrices vascas Elena Irureta y Ane Gabarain, Patria recibió aplausos por su sensibilidad y rigor, y para muchos espectadores internacionales la visión de esas calles mojadas por la lluvia, las manifestaciones en el Boulevard o las fachadas señoriales de Donostia fue una ventana a la realidad vasca reciente. Aquí la ciudad no se disfraza: es el escenario real de acontecimientos (manifestaciones, reuniones familiares, encuentros fortuitos) que en la novela ocurrían en un pueblo ficticio pero que la serie ubica en lugares concretos de Donostia, dotando al relato de mayor verosimilitud.
Otra producción de temática histórica fue “La línea invisible” (Movistar+, 2020), miniserie dirigida por Mariano Barroso que narra el origen de ETA a finales de los 60. Este drama recrea el San Sebastián de 1968, año en que la banda perpetró su primer asesinato. Para lograrlo, rodó en enclaves de la ciudad y alrededores: desde el barrio de Egia a antiguas comisarías, con coches de época circulando por avenidas donostiarras. Aunque parte de la acción transcurre en pueblos como Tolosa, la presencia de Donostia es notable en la serie – no en vano, el primer atentado mortal de ETA ocurrió en la capital guipuzcoana. La línea invisible cuidó la ambientación para que la ciudad luciera con atmósfera sesentera, y su estreno fue muy comentado en Euskadi. Estas series, Patria y La línea invisible, han colocado la memoria del País Vasco en primer plano televisivo, usando localizaciones reales que aportan fuerza documental a sus ficciones.
En un registro completamente distinto, la comedia de situación “Allí abajo” (Antena 3, 2015-2019) también aprovechó los encantos de Donostia. Inspirada en el fenómeno Ocho apellidos vascos, esta serie narraba el choque cultural entre un vasco y una andaluza, con abundantes escenas costumbristas en Euskadi. Para las secuencias del “norte” se eligió San Sebastián como base de operaciones. A lo largo de sus cinco temporadas, Allí abajo mostró con humor numerosos sitios conocidos: el Aquarium (donde trabaja la familia de la protagonista), el Palacio Miramar convertido en clínica de rehabilitación ficticia, un agroturismo en el Monte Igeldo con vistas espectaculares, la ermita de San Telmo en Zumaia (para una boda inolvidable) e incluso la icónica escalinata de San Juan de Gaztelugatxe en una excursión familiar. La serie fue un gran éxito de audiencia en España, de modo que millones de espectadores asociaron esas postales donostiarras – el Peine del Viento al atardecer, las barras de pintxos, la tamborrada sonando en la Parte Vieja – con el encanto del personaje de Nekane y su tierra. En este caso San Sebastián aparece nombrada y celebrada, prácticamente un protagonista más que pone contexto a los gags y a la evolución de los personajes.
Las superproducciones internacionales tampoco han pasado por alto la belleza de la región. “Juego de Tronos” (Game of Thrones, HBO) eligió la costa vasca para ambientar nada menos que el mítico enclave de Rocadragón (Dragonstone). Si bien la serie no filmó dentro de la ciudad de San Sebastián, sí lo hizo en escenarios cercanos de Bizkaia y Gipuzkoa, cuya espectacularidad impulsó un boom de turismo. En la temporada 7 (2017), Daenerys Targaryen desembarca en su fortaleza utilizando imágenes del islote de San Juan de Gaztelugatxe (Bermeo) – con su escalinata al mar – y de la playa de Itzurun en Zumaia, cuyos imponentes acantilados flysch sirvieron como costa de Rocadragón. Además, la playa de Muriola en Barrika fue otro escenario vasco empleado para Desembarco del Rey. Aunque estas localizaciones están fuera de Donostia, la proximidad a San Sebastián hizo que la ciudad actuara como centro logístico durante el rodaje (alojando al equipo técnico y actores). Tras la emisión, miles de fans visitaron Euskadi siguiendo la “ruta Game of Thrones”, con base precisamente en San Sebastián para desplazarse a Gaztelugatxe y Zumaia. En ese sentido, aunque en la serie la ciudad no aparezca ni con su nombre ni físicamente, sí se benefició de la repercusión de Juego de Tronos, convirtiéndose en punto de partida de peregrinaciones frikis y evidenciando que el mundo descubría la belleza natural de la zona gracias a la pequeña pantalla. Donostia, sin quererlo, quedó asociada también a dragones y batallas medievales gracias al poder de una ficción global.
Con la expansión de las plataformas, también han llegado rodajes recientes. La serie de suspense “Bienvenidos a Edén” (Netflix, 2022) incluyó a San Sebastián entre sus localizaciones iniciales. En esta producción, unos jóvenes reciben una misteriosa invitación a una fiesta exclusiva; para filmar la partida de los personajes, el equipo empleó la moderna estación de autobuses de Donostia y luego diversas calles de la Parte Vieja, el Paseo de la Concha, los jardines de Miramar e incluso el Aquarium. Aunque en la trama esos lugares no se mencionan explícitamente (simulan ser Barcelona u otra ciudad cualquiera), la apariencia elegante de Donostia encajó perfecto para las escenas previas al viaje hacia la isla secreta donde ocurre la acción principal. Bienvenidos a Edén contó con rostros conocidos como Amaia Salamanca y Begoña Vargas, y fue vista en numerosos países, por lo que esos fugaces planos urbanos con el Ayuntamiento o las farolas de La Concha de fondo llevaron un pedacito de San Sebastián a las pantallas de medio mundo. De igual forma, la serie “El internado: Las Cumbres” (Amazon Prime) en su segunda temporada (2022) rodó en Donostia algunas escenas: usó el antiguo depósito de aguas del monte Ulia y la librería Lagun del centro, además del Palacio Miramar, para ambientar su thriller juvenil en localizaciones vascas auténticas. Y muy pronto, en 2023, la esperada serie “Balenciaga” (Disney+) sobre el modisto de Getaria, ha tenido a San Sebastián como escenario destacado en su rodaje, recreando la Belle Époque en calles como la Avenida de Francia y combinándolas con otras localidades. Todo ello confirma que las plataformas de streaming siguen la estela del cine: Donostia es un plató atractivo que aporta valor de producción y realismo, ya sea en dramas históricos, thrillers de misterio o series juveniles de moda.
En resumen, la presencia de San Sebastián en la ficción televisiva es cada vez más habitual. Y en la mayoría de los casos, la ciudad se muestra tal cual es, con su nombre y detalles locales, lo que redunda en promoción turística indirecta. Las series han llevado la imagen de Donostia a públicos que quizá no frecuentan las salas de cine, demostrando que la magia de sus rincones funciona igual de bien en capítulos de 50 minutos que en filmes de 2 horas.
Donostia de cine: un destino para viajar a través de la pantalla
Recorrer San Sebastián es, en cierto modo, pasear por un gigantesco plató donde conviven memorias de rodajes pasados. Cada esquina puede evocar una escena: es posible imaginar a Gary Cooper y Marlene Dietrich entrando al Hotel Londres; a Woody Allen filmando con su equipo en una terraza de la Plaza de Okendo; a las protagonistas de Patria esperando el autobús bajo la lluvia en Avenida de Tolosa; o a un joven Antonio Banderas rodando 27 horas en un portal de Gros. Donostia ha sido glamourosa en blanco y negro, rebelde en los 80, romántica y reflexiva en el nuevo milenio – multiplicando sus caras en la gran y pequeña pantalla.
Esta diversidad de producciones, desde musicales vintage hasta thrillers modernos, no solo ha enriquecido la filmografía local, sino que también ofrece a los amantes del cine un aliciente más para visitar la ciudad. ¿Por qué no seguir los pasos de nuestros personajes favoritos? El cinéfilo puede subir al monte Igueldo y recordar a Fernán Gómez cantando “La mar está fresquibiris”, o sentarse en un banco del Paseo Nuevo donde Wallace Shawn reflexionaba sobre el amor en Rifkin’s Festival. Puede pasear por el puerto y evocar la despedida de Loreak, o tomar un café en la Plaza Constitución imaginando que a su mesa se acercan los negociadores de Cobeaga. Incluso fuera del centro, un excursionista puede internarse en el bosque de Artikutza –dentro del municipio donostiarra– sabiendo que allí se rodaron fugas carcelarias y criaturas legendarias, de La fuga de Segovia a El bosque de los secretos (Backwoods). Cada rodaje ha dejado su pequeña huella.
San Sebastián, con su xarma (encanto) único, ha demostrado ser camaleónica: lo mismo puede “hacerse pasar” por Acapulco en un set de los 50 que mostrarse desnuda y auténtica como una ciudad vasca moderna enfrentando sus luces y sombras. Esa capacidad de adaptación, sumada a la belleza intrínseca de sus playas, montes y arquitectura, seguirá atrayendo cámaras en el futuro. Y mientras tanto, los espectadores disponemos ya de un extenso catálogo de películas y series para descubrir Donostia desde el sofá.
Le invitamos, querido lector, a sumergirse en estas historias y luego venir a Donostia San Sebastián con ojos de director de fotografía: reconozca los encuadres, camine por el Paseo de la Concha donde tantos se han besado y peleado en la ficción, admire el Teatro Victoria Eugenia imaginando premieres de cine, o acérquese al barrio de Gros recordando aquella escena de su serie favorita. Pocas ciudades ofrecen un viaje cinematográfico tan rico en apenas unos kilómetros cuadrados. San Sebastián, estrella discreta, espera ser redescubierta plano a plano – porque en sus rincones aún resuenan los “¡Acción!” y “¡Corten!” de un siglo de cine, invitándonos a formar parte de la película de nuestra propia visita. ¡Nos vemos en el cine… o en Donostia!